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Para vos, Cupido

Luna cautiva

De nuevo estoy de vuelta después de larga ausencia, dicen los versos de una hermosa zamba.

No hace falta decir por qué estuve lejos, no tengo que dar razones. Mi mundo siguió girando lento, y siempre llegaba al mismo punto.

G. sigue en pareja (¿cuántos meses ya?) y yo ya me acostumbré a su ausencia. Al principio, debo reconocer, sentí celos, me hervía la sangre. Ahora me resigné a que el amor de pareja no es un don que se me hubiese otorgado el día de mi nacimiento, ni siquiera es un objetivo que pueda alcanzar a fuerza de trabajo y perseverancia. El amor de pareja, para mí, es unicornio. Denle las connotaciones que quieran, no estoy en ánimo de explicar mis metáforas ni tengo por qué hacerlo.

Tal vez esté algo intolerante hoy, lo reconozco. Pero reconozco también que estar enamorada es construirte una letrina en el pecho.

Que G. se curta. A mí me doy licencia en el amor por unos meses, hasta que otro enfermo mental, oligofrénico espiritual y tarado social se cruce en mi vida

And anytime you feel the pain, hey Jude, refrain,
Dont carry the world upon your shoulders.
For well you know that its a fool who plays it cool
By making his world a little colder.

Afuera

Me siento como una pulga. Así de insignificante. Como ese parásito que todos quieren destruir. Un poco estoy triste por los sucesos del sábado (¿hace falta que dé explicaciones?) y otro poco por los sucesos de sábado tras sábado, tras viernes, tras jueves…

Sé que me dejaron afuera de la posibilidad de amar en estos cuartos de mi vida. Y que aparecerán otras oportunidades en el futuro (espero que antes de cuatro años!) en las que podré tomarme revancha. Tendré que superar los obstáculos, las idas, las vueltas, pero confío en que próximamente llegaré a la final. Que no me van a echar en primera ronda, como hace un tiempo atrás.

Lo importante es tener una defensa consistente en los momentos en los que pensás que el mundo se te viene abajo, y saber atacar cuando el rival se descuida. Aunque claro, para los hombres lo único que importa es tener una buena delantera.

Estoy bajoneada, pero con ganas de levantarme, lavarme la cara y salir al mundo. Como lo hago siempre. Aunque me choque de nuevo con paredes teutonas, y me golpee, quedando casi inconciente.

También te estoy esperando. Esperando a que te decidas a darme la mano y acompañarme a darle la vuelta al mundo, y a saltar las paredes que nos desafían. Yo te voy a recibir con la cara lavada y la copa en la mano.

¿Existe alguien en el mundo que tenga tan perra suerte? Digo, aparte de mí. Si esa persona existe, la compadezco con todo mi corazón. O con lo que queda de él, porque está hecho trizas, humo, polvo, sombra, nada.

Como recordarán, anoche tenía la fiesta a la que me había invitado Ezequiel hará poco más de quince días. Resulta que llegué a lo de Eze, que me iba a llevar (y aparte no iba a caer sola). Allá me encontré con otros de los chicos de la primaria. Nos subimos al auto de Eze y arrancamos. Por si les interesa, no llevé mi remera de los Guns, sino que opté por un animal print sobrio, jean y botas. Y un buen make-up.

Llegamos a la fiesta. Era en la casa de uno de los amigos de Eze. Como estuvo feo, armaron todo en el quincho (pero qué quincho!) que tenía una barra impresionante. Apenas entré me recibieron ya con un fernet, al que no me pude negar. Me sentía genial, segura de mí misma, dispuesta a llevarme el mundo por delante…

Y ahora sí… qué fue lo que pasó, se preguntarán. Por qué digo que mi suerte es la más bitch de todas: fue así: yo estaba charlando lo más bien con Eze, nos estábamos riendo, diciendo pavadas, tomando -mucho- alcohol, y en eso me doy vuelta para dejar un vaso y lo veo. LOS veo, mejor dicho. A G. y la rubia cara de frígida. Y el mundo me llevó a mí por delante.

Se me hizo un nudo en el estómago que me empezó a subir por el esófago. Me quedé dura con el vaso -que en algún momento estuvo lleno de fernet- en la mano. En ese instante eterno, Eze me agarró del hombro y yo giré despacito. Y mientras giraba, los ojos se me iban llenando de lágrimas. Escucho que Eze dice ‘Lau, ¿qué te pasa?’. Me quedé muda. Entonces pensé ‘¿qué mierda estoy haciendo acá?’. Le dije a Eze ‘me tengo que ir, nos vemos en la semana’, dí media vuelta y apuré el paso. Sentí que Eze me seguía y después solamente sentí el piso húmedo en las palmas de mis manos, en mi cara y también en las rodillas. No quise mirar alrededor. Por suerte Eze me levantó y me llevó a casa.

Hoy dormí todo el día y todavía no tuve el coraje para llamarlo a Ezequiel agradeciéndole lo que hizo por mí y, de paso, enterarme a qué nivel de hazmerreir llegué anoche.

Me siento triste, vacía, pero por sobre todas las cosas, me siento sola.

Amores perros

Finalmente comprobé lo que sospechaba hace rato: G. tiene novia. No sé quién es, no la conozco y no me importa conocerla at all.

Se acuerdan de cuando empecé a elucubrar la posibilidad que estuviera en pareja, ¿no? Sí, cuando los vi desde el colectivo. Bueno, ella es precisamente la ladrona de mis sueños y esperanzas. Es una rubiecita cara de frígida que usa las botas por encima del jean. De esas que levantás una baldosa y te salen cuatro iguales.

Me contó Ju que están saliendo desde hace tres meses y la pelotuda (o sea, yo) se entera de rebote… ¿no fue capaz de contarme nada? Capaz que no me contó porque él sabía que yo estaba (y lo estoy aún en realidad) perdidamente enamorada de él. Pero enterarme así, porque le saqué con tirabuzón a Ju lo que yo quería saber… es casi humillante. Me siento tan idiota!!! Un poco me enojé con Ju por no haberme contado antes lo que pasaba. No sé, tal vez esté exagerando, pero me pareció desleal a nuestra amistad de años.

Whatever, Eze me dijo si tengo disponible el 26, porque unos amigos organizan una fiesta. Así que ya no me importa nada de nada. Voy a vivir mi vida de soltera empedernida desde hoy mismo. Voy a entrenarme este fin de semana para que el 26 el mundo conozca a la Laulis más perra del mundo.

Lo fatal

Les dejo este poema, que me llega siempre a lo más profundo de mi corazón

Lo fatal

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…

Rubén Darío

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